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jueves, 10 de enero de 2008

Esperando...

Probablemente debería esperarme a mañana para volver a postear, y evitarme compartir la decepción si la cosa sale mal. Pero me casé con este blog para lo bueno y para lo malo, en la borrachera y en la resaca, con comentarios o sin ellos, aunque no dudaré en pedir el divorcio si esto empieza a convertirse en un drama.


El ya lejano lunes, quedé por medio de una entrecortada conversación telefónica con el chico post para vernos este viernes. No fijamos hora, no sé si él se daría cuenta, pero yo sí, y no dije nada para ver que ocurría cuando llegáramos a este punto: al día de antes, sabiendo que mañana vamos a quedar y que no hemos concretado cuándo exactamente.

Hace 3 semanas que no nos vemos, las Navidades, los trabajos, que él no viva en Madrid sino en una de las ciudades limítrofes y mi interés por no mostrar que pierdo el culo por él, han hecho que pase todo este tiempo sin vernos y de ahí lo de lejano lunes del párrafo anterior, porque los días se me han pasado a cámara lenta esperando a que llegara el día de mañana.

Ahora toca esperar a que sea él quien llame para fijar hora, si no lo hace, esta noche he preparado unas patatas con orgullo, que será lo que me coma con total seguridad, y es que sí, tengo ganas de verle, pero su comportamiento me desconcierta y me crea una justificada inseguridad, tampoco es que hayamos hablado mucho durante estas 3 semanas, pero ha habido días en los que él era la persona más encantadora del mundo, la última vez que nos vimos, empleó ese recurso tan manido como romántico de llamar tan sólo dos minutos después de que nos hubiéramos despedido y otros en los que parecía totalmente apático con conversaciones que a duras penas llegaban a los dos minutos.

Lo de no fijar la hora, no sé si es retorcido, estúpido o masoquista por mi parte, pero le da también mayores facilidades a la hora de poner una excusa y no acudir, y ahí es cuando se acabaría todo y me buscaría uno, o varios, chicos post - Chico post, para quien no lo haya entendido, que pasaría página, y volvería al redil de puterío y golferío que nunca debí abandonar, aunque eso sí, más curtido, o eso creo, y menos predispuesto de lo que ya de por sí estaba antes, a abrir mi corazoncito.