Ha habido muchos momentos en los que me ha apetecido contarles a mis amigos, el pequeño secreto que les escondo, especialmente en aquellas noches que se dan muy de vez en cuando, y en las que tras largas horas de conversación se llega a un clima de sinceridad y complicidad que haría soltar la lengua al más reservado.
Pero ni en esos momentos a los que me refiero, había estado tan cerca de revelar mi secreto, como en un par de ocasiones ocurridas durante estas Navidades.

Supongo que hasta ahora si no había tenido excesiva intención por contarlo, era simple y llanamente, proque no había mucho que contar, era gay y poco más había que decir, salvo alguna pequeña excepción, llevaba una vida casta y pura con mis congéneres de la acera de enfrente, y jamás me había pillado por un tío.
Bien sabéis que eso ahora es distinto, lo que unido a un incipiente desinterés por las mujeres, aunque no lo haya demostrado en mis últimas salidas nocturnas, hace que mi secreto, empiece a ser una carga que quizá no debería llevar solo.
Volviéndo a aquellos momentos de "sinceridad navideña", el primero ocurrió en la fallida noche del final de temporada, comenté que tuve que acoger en casa a un par de amigos, a uno de ellos, puedo considerarlo como uno de mis mejores amigos, está de Erasmus, y hacía meses que no lo veía, y tras horas de ponernos al día y con todo el tema del chico post tan reciente, se me hizo muy complicado no contárle nada, pero no porque lo estuviera ocultando, sino porque no parecía tener intención en querer hacerlo, me ví a mí mismo diciéndoselo de la manera más natural del mundo, pero una interrupción o intervención divina, me libraron de hacerlo.
Lo mismo ocurrió días más tarde, pero con mi mejor amiga, misma situación, meses sin vernos, horas hablando y bebiendo los dos solos, y nuevamente, una extraña sensación de querer contarlo sin darle mayor importancia.
No es casual que ellos dos sean las dos personas a las que más cerca he estado de contárselo, su situación, me parecía inmejorable para hacerlo, a parte de mi excelente relación con ellos, jugaba muy a su favor el hecho de que aunque vaya a seguir manteniendo contacto con ellos, no voy a verlos en los próximos meses, ya que ambos vuelven a sus destinos Erasmus, era una forma de liberarme un poco sin tener que enfrentarme del todo a la situación.
De todas formas el alivio que sentí al día después, al comprobar que todo continuaba con normalidad y que no lo había contado, me hace ver que todavía no estoy preparado para contarlo, que si realmente hubiera querido, tuve oportunidad de hacerlo, y que aunque sepa que su reacción va a ser buena, porque no me cabe ninguna duda de ello, el hecho de empezar a contarlo podría presionarme para hacerselo saber a todavía más gente, y eso sí que no me apetece lo más mínimo.
Por primera vez, empiezo a considerar la salida del armario, aunque sea a pequeña escala, y la forma en la que estuve a punto de hacerlo estas Navidades, ya no vaya a ser posible porque mis amigos ya han sido repatriados a sus lugares de estudio.

